«Mi hijo lo está pasando mal en el colegio»

Casi todos los papás que me escriben por este tema empiezan con esa frase.

No hablan de estética: hablan de un niño que dejó de ir a la piscina, que se saca las fotos de lado, que se pone gorro aunque haga calor. Y que muchas veces, en la casa, no dice nada.

Es de las consultas que más recibo. Voy directo a tu pregunta: desde los 7 años se puede evaluar, y la evaluación —esa conversación, no el procedimiento— es el primer paso.

¿A qué edad se puede corregir?

Desde los 7 años.

Antes de esa edad, las orejas todavía están creciendo, y por eso no se interviene. Desde los 7 se puede evaluar cada caso: reviso la forma, la posición y la proporción dentro del rostro, y te digo con honestidad si tiene sentido hacer algo ahora o conviene esperar.

No hay una edad ideal única. Hay una edad mínima —7 años— y, de ahí en adelante, un caso a caso.

¿Por qué a esa edad y no antes?

Por dos razones. La segunda es la que suele traer a los papás hasta acá.

La primera es anatómica: antes de los 7 años la oreja todavía está creciendo.

La segunda es social: a los 7 años empieza la etapa en que los niños se miran entre ellos y se dicen cosas. Y los comentarios no resbalan: se quedan.

En un adulto, el motivo suele ser personal: una foto, un comentario viejo, algo que decidió resolver ahora. En un niño o adolescente, casi siempre es el colegio y sus redes de contacto. Por eso te explico todo a ti también, no solo a él.

¿Qué diferencia hay con un adulto?

Cuatro diferencias, en la práctica:

El procedimiento es el mismo que en adultos: Otomodelación con hilos Nature, sin cirugía y sin pasar por pabellón, con anestesia local. Dura hasta 2 horas, en una sola sesión. Incluye 2 controles.

El malestar no está en la oreja

Esto es lo más importante de este artículo.

En esta consulta no se trata de «cambiar» a un niño. Tu hijo no está haciendo nada mal. Lo que no está bien es el rato que pasa en el colegio cuando otros niños hacen comentarios: las burlas, las fotos, la piscina, el gorro con calor. Eso es lo que te trae hasta acá, y eso es real.

No es un caso raro: en estos años he trabajado con más de 900 pacientes, y una parte importante de ellos llegó siendo niño o adolescente.

Por eso, cuando evalúo a un niño, no miro la oreja como un problema: la miro como algo que puede dejar de ser tema. La meta es que deje de esconderse, y que pueda pensar en otras cosas.

Y hay una señal que se repite: muchos niños no dicen con palabras que les molesta. Se nota en lo que hacen —esconder, tapar, evitar—.

Cómo se conversa el tema en casa

Cómo se prepara al niño para la evaluación

La evaluación está pensada para que un niño no se asuste:

Después vuelve a casa con indicaciones por escrito para los primeros días: colegio, deportes y cuidados.

¿Qué necesita firmar el adulto responsable?

En menores de edad, el procedimiento necesita dos cosas por escrito:

Se firma con la información completa sobre la mesa y después de la evaluación. No es un trámite: es la forma de que todo lo conversado quede por escrito.

Y algo más: aunque la autorización la firma el adulto, el proceso no avanza si el niño no quiere. Las dos voluntades tienen que estar de acuerdo. Acá nadie presiona a nadie.

¿Y si sentimos que todavía no es el momento?

No pasa nada. Puedes esperar.

La evaluación no compromete a nada: se revisa el caso, te doy el precio exacto y qué incluye, y ustedes deciden con calma —ahora, en unos meses o más adelante—.

También hay adultos que se corrigen las orejas después de años, porque un día se decidieron. No hay edad máxima. Cada etapa tiene su momento, y ustedes deciden cuándo.

Atiendo en Las Bellotas 199, Providencia (Santiago), de martes a sábado, de 10:00 a 19:00. Escríbeme y agendamos una evaluación: la conversamos los tres —tú, tu hijo o hija, y yo—.

Preguntas frecuentes

¿A qué edad conviene hacerlo?

No hay una edad única. Desde los 7 años se puede evaluar; si el niño lo está pasando mal en el colegio, tiene sentido resolverlo temprano. Si no, se puede esperar.

¿Mi hijo decide o decido yo?

En menores de edad, siempre decide y autoriza un adulto responsable. Tu hijo participa en toda la conversación y su opinión pesa —si él no quiere, no se hace—, pero la autorización la firmas tú.

¿Qué firma exactamente el adulto responsable?

La autorización del adulto responsable y el consentimiento informado, después de la evaluación. Ahí queda por escrito qué se hace y qué se puede ajustar.

¿Necesita evaluación previa aunque ya estemos decididos?

Sí. La evaluación previa es obligatoria: es donde se revisa el caso, se confirma si es candidato y se entrega toda la información. Sin evaluación no se hace nada.



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